Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión.
Paulo Freire
16 de agosto de 2010
31 de mayo de 2010
“Para educar se necesita silencio”
-¿El docente tiene que acoplarse a las características del chico de hoy?
-Hay que encontrar una intersección entre el adolescente y el docente. El maestro nunca tiene que claudicar en su deseo de enseñar. Pero ese deseo no está solo sostenido en una propuesta pedagógica. El docente tiene que entender que ese deseo es el que va a permitir, porque tiene una voluntad política, que ese pibe esté menos marginado, que sea menos población sobrante. Le tiene que dar herramientas para la construcción de un pensamiento libre y no un pensamiento de dominio. Por otro lado, como el docente no tiene que dejar de enseñar, tiene que encontrar las herramientas para generar esa intersección. No puede quedar aislado, su práctica no puede quedar al margen de lo que acontece en el aula. El lugar de poder que daba el saber está interpelado. Hoy el docente está interpelado. El padre viene al aula con el abogado porque el docente le dijo algo a su hijo. ¿Desde qué lugar construir? Yo creo que desde la soledad es imposible. Es necesaria una comunidad, integrarse con otros, entender cuál es el funcionamiento interno del aula y no juzgarlo. Cuando un alumno viene con faltas de ortografías para mi es una sanción moral. Porque el alumno está acostumbrado a resumir palabras, a mandar mensajes de texto, no está acostumbrado a leer, ninguno de los adultos lee. La presencia de la televisión en el hogar ha modificado esa práctica y mucho más la presencia del control remoto. Porque lo que hace el control remoto es que vos tengas la temporalidad del control remoto. ¿Cuánto te aguantas una ópera? ¿Cuatro horas? Ni en pedo. Si los adultos no pueden ni apagar el celular. Aquí hay una dinámica social que necesariamente tenemos que entender.
-¿Cuando se habla de incluir es que el chico permanezca en la escuela a cualquier costo o se habla de otra cosa?
-La pregunta es ¿dónde va el chico cuando no está en la escuela? Ese es el asunto. Yo entiendo que la escuela no tiene que ser un depósito de material sobrante. Pero la pregunta es por el afuera ¿dónde va? Creo que la normativa es la exclusión, porque además es una tradición histórica. Entre nosotros la exclusión ha sido parte de nuestra práctica política y social durante muchos años. Ahora el pibe está en la escuela, y lo que se trata es entender que esta inclusión es social y política y no solamente educativa. Es decir, que lo que está por fuera de eso es mucho más amplio que el hecho de que el pibe no se eduque. Y eso lo sabemos. Nos enfrentamos con ese problema y no tenemos alternativa. Tenemos alumnos que no leen, alumnos que permanecen en silencio, que son ruidosos, con celulares que suenan, desobedientes. Tenemos todo eso, pero tenemos que entender que nuestra escuela está cercada por todo eso. Que no hay más un ideal de una práctica diferente. Que no se resuelve poniendo normas estrictas en la escuela. Porque eso significa más marginación, significa volver a pensar en términos exclusivos. De exclusión, de sacar afuera lo que a nosotros no nos gusta. Lo que tenemos que entender es que el principio de la exclusión supone que aquel que excluye supone que su propio orden es el mejor. Lo que tenemos que entender es que eso no es así. Porque si no, no vamos a poder enseñar más. La escuela llega a un destino que es irremediablemente su fracaso.
-En ocasiones los padres se quejan de que en el aula de su hijo hay chicos “revoltosos”, que no dejan enseñar y que sin embargo la escuela no los sanciona.
-Ahí nos enfrentamos a un problema nuevo. Leía una experiencia que se hizo en Estados Unidos que era la de juntar a los chicos con dificultades y darles educación desde otro lugar. Es decir, formar un aula sólo con esos chicos. Bueno, tiene serias dificultades porque la escuela le abrió sus puertas al mundo. No es que la escuela produce un mundo y después desde ese mundo construimos la escuela. Ahora la realidad entra todo el tiempo por la puerta.
Excluir significa que el destino de ese pibe va a ser problemático, pero además va a ser problemático para el pibe que está adentro. Eso es lo que hay que entender porque si pensamos que el que excluimos se va a arreglar solo no es así.
-Usted dice que el que alumno que se excluye le va a tratar problemas al que quedó adentro.
-No te quepa duda. Ninguna duda. Entonces qué va a pedir el que está adentro, el que se formó. Va a pedir mayor represión, más cárceles, más castigo. Y eso no resuelve el problema. Porque el capitalismo lo que requiere es de población sobrante. Por eso la actividad del docente es política, porque se enfrenta a un discurso que los medios están bombardeando continuamente, en las prácticas cotidianas, donde es necesario excluir.
-¿Cómo se produce esa inclusión con alumnos revoltosos?
-No es fácil. ¿Retarda la educación de los otros? Sí, la va retardar. Lo que no retarda es la temporalidad social. Creo que es necesario dar contenidos, y educar y construir un mundo común en el aula, pero es muy complejo y por eso hay que construirlo con la sociedad.
-¿Escuelas públicas versus escuelas privadas?
-No sé si hay un versus. Me parece que hubo un deterioro muy grande de la escuela pública en los 90, creo que a partir de la dictadura, que hizo que la escuela pública perdiera el prestigio que tenía. Creo que ahora, por necesidades económicas, hay un retorno a la escuela pública. No hay que establecer un foso entre ambas.
-¿Es una diferencia sólo económica, de clases?
-Me parece que muchos padres creen que en la escuela privada hay algún dispositivo de contención que la escuela pública no lo tiene justamente por su carácter público. Cuando a mí me mandaron a la escuela pública fue para que tuviese contacto con el hijo del portero, del médico, que tuviera la experiencia de la diversidad. Hoy parece que la diversidad es problemática. Y yo creo que no, al contrario, la diversidad genera un mayor espíritu de apertura, mayor libertad, la posibilidad de pensar como el otro.
-Pero antes en la escuela pública éramos más iguales.
-Es cierto. Pero además nos igualaba el hecho de tener un proyecto compartido. Hoy el proyecto de un pibe de clase baja no es el mismo proyecto de un pibe de clase burgués. En los sectores más bajos las expectativas de vida llegan a los 16 años. Tienen la experiencia del paco que es muy fuerte. Y esto no es que pasa sólo en las grandes ciudades. Eso se extiende. Yo voy por el país y tienen el mismo tema. El tipo de anhelo que tiene un sector bajo no es el mismo que el de un sector medio. Era la escuela la que igualaba. E igualaba bajo un proyecto en común. A vos te mandaron a la escuela por la misma razón por la que me mandaron a mí, para poder integrarte socialmente a un espectro donde el título secundario tenía un valor de peso muy grande. Hoy ya no lo tiene. Y no es que no lo tenga porque los docentes no son buenos. No lo tiene porque esta flexibilización laboral, esta modificación en el campo de trabajo ha hecho que los ingresos al capital sean mucho más complejos.
La docencia es una actividad política
Para el profesor Gustavo Varela los institutos de formación docente deben enseñarle al docente, que la docencia no es un trabajo sino un modo de vivir.
La realidad hoy es que muchos eligen la docencia no por pasión a enseñar sino porque es un trabajo asegurado, con estabilidad, el desafío es cómo incentivar ese docente a la práctica educativa.
-Al ser la carrera docente tan poco valorada y gratificada ¿el nivel de los docentes también ha decrecido? Aquí en Río Cuarto, muchos de los que eligen ser docente vienen de condiciones muy humildes.
-Sí, es así porque la carrera docente te da seguridad. ¿Qué hacer con ese docente? ¿Cómo se lo incentiva para la práctica educativa? Porque un docente que llega porque la docencia le da seguridad, porque por fin va a tener un sueldo, estabilidad, una forma de trabajo que ya no se mantiene porque hoy existen contratos basura, flexibilidad laboral, la necesidad de ser monotributistas. ¿Cómo se hace para que este docente adquiera una pasión que probablemente no tiene y sólo este motivado por la seguridad? Creo que esta es una tarea muy importante de los institutos de formación. El docente que va estudiar debe tener plena conciencia de que su actividad es una actividad política. Pero política no quiere decir hacer una revolución, sino que es una tarea de inclusión hacia aquellos que tienen destinos de ser sobrante. Y eso es muy importante.
A la vez, desde la experiencia de la docente, los docentes somos una comunidad, nos apoyamos unos a otros. Hay una toma de conciencia y un instituto de formación tiene que enseñar que la docencia no es un trabajo, sino un modo de vivir, un modo de habitar el mundo. El docente debe ser un desesperado por pensar un mundo mejor, a pesar de que el mundo mejor no sea posible. Eso no tiene nada que ver. En general los ideales no se realizan, claro, eso nos pasa en la vida cotidiana. Vos te enfrentas con una práctica donde están tus ideales, pero no por eso dejas de empujar. Uno ve a su hija con el celular, la computadora, los auriculares, pero por eso no le dejas de decir “lee esto que está bueno”. O tratar de incluirla. Por más que el mundo social donde ella viva sea diferente.
-¿Estamos mejor o peor en educación?
-Creo que hay un cambio entre la década del 70 y el 80 que fue muy pronunciado, donde la sociedad disciplinaria de la escuela, el hospital, la prisión se convirtió en una sociedad de control, una sociedad de la empresa, de los institutos educativos, de la privatización. Es como el cambio de la edad media a la modernidad, no se puede medir en términos de mejor o peor, lo importante es que seguimos pensando en la idea del progreso. Es otra escuela y tenemos que tomar conciencia de eso como docentes, como padres, como directivos, y tratar de pensar recursos para esta otra escuela. Porque sino nos vamos a quedar atrasados, exigiendo a la escuela un tipo de experiencia que la sociedad no les brinda.
-¿En los países más desarrollados es distinto?
-No, tienen el mismo problema. En Baltimore la puerta de la escuela se cierra cuando empiezan las clases con rejas y policías adentro. Esto para nosotros sería impensable. En la película Entre Muros que es una experiencia concreta filmada en una escuela marginal de París, ves eso. Como hay procesos de exclusión. Los alumnos ya no se callan como nosotros que hacíamos silencio mientras el docente podía decir cualquier barbaridad. Cualquiera puede contar anécdotas de docentes que han sido bochornosas. Hoy un alumno no se aguanta eso. Y no está mal, pero eso significa que el docente sea interpelado en su propio oficio y le obligue a ser lo que es, un educador. Ahora la pregunta es cómo sostiene esa tarea en un mundo que es complejo. Creo que la pasión personal del docente es importante para prestigiarse en su lugar. Entender que eso es lo que quiere, que ese destino que él piensa para sus alumnos lo tiene que llevar adelante y que va a tener que encontrar los recursos para que eso sea posible. Estamos a contra corriente del modelo social, y como los salmones tenemos que encontrar la forma de crecer en esa contra corriente y poder edificar esto que yo creo que es lo más complejo, que es la comunidad. Cómo generamos lo común en una sociedad tan diversa, con experiencias de sentidos tan distintas a aquella que la escuela propone. Es una paradoja y yo creo que de la paradoja se sale con una acción más fuerte del docente, acompañada por los otros actores sociales, el ministerio, el sindicato, la comunidad. Con la formación de un tipo de pensamiento que no es “llego al aula y empiezo mi tarea docente”. No, la tarea docente empieza bastante antes.
-La escuela sigue siendo verticalista, los docentes tienen miedo a los directivos, a los padres.
-Sí, pero paradójicamente muchas de las acciones más abiertas en muchos casos vienen de los directivos y no de los docentes. Creo que es una cuestión de acuerdo, pero esta experiencia de acuerdo sólo se arma con la conciencia de que el problema es compartido. Si el profesor de biología tiene problemas con los alumnos, el problema no es del profesor de biología sino de todos. Nos atañe a todos. No nos salvamos más individualmente, y mucho menos en los países del tercer mundo. No te salvas teniendo un auto más grande y chocando a los más chicos. Porque como el auto más chico es población sobrante en algún momento te va a venir a pedir a vos el auto más grande.
Fuente: http://www.otropunto.net/index.php?option=com_content&view=article&id=80:la-tarea-del-docente-empieza-antes-de-llegar-al-aulaq&catid=4
¿Quién es Gustavo Varela? Gustavo Varela es licenciado en Filosofía, docente de FLACSO. Es profesor del Seminario de Informática y Sociedad y el Seminario de Diseño Gráfico la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y titular de la cátedra de Pensamiento Contemporáneo en la Universidad del Cine. También es presidente de la Comisión Directiva de la Facultad Libre de Rosario, donde dicta Introducción a la filosofía.
Ha desarrollado estudios sobre los orígenes del tango, desde una perspectiva filosófica, fundamentalmente centrada en el pensamiento de Michel Foucault y Friedrich Nietzsche. Dictó el seminario El tango, la genealogía, la historia en la UBA y en FLACSO.
Es miembro del Consejo Editorial de la revista Lote, del grupo editor de la revista Artefacto y colaborador habitual de la revista Ñ.
Entre sus obras figuran Mal de tango: Historia y genealogía moral de la música ciudadana. Buenos Aires: Paidós, 2005; La filosofía y su doble: Nietzsche y la música. Buenos Aires: Libros del Zorzal, 2008; Nietzsche. Una introducción. Buenos Aires: Quadrata/Biblioteca Nacional, 2010.
-¿El docente tiene que acoplarse a las características del chico de hoy?
-Hay que encontrar una intersección entre el adolescente y el docente. El maestro nunca tiene que claudicar en su deseo de enseñar. Pero ese deseo no está solo sostenido en una propuesta pedagógica. El docente tiene que entender que ese deseo es el que va a permitir, porque tiene una voluntad política, que ese pibe esté menos marginado, que sea menos población sobrante. Le tiene que dar herramientas para la construcción de un pensamiento libre y no un pensamiento de dominio. Por otro lado, como el docente no tiene que dejar de enseñar, tiene que encontrar las herramientas para generar esa intersección. No puede quedar aislado, su práctica no puede quedar al margen de lo que acontece en el aula. El lugar de poder que daba el saber está interpelado. Hoy el docente está interpelado. El padre viene al aula con el abogado porque el docente le dijo algo a su hijo. ¿Desde qué lugar construir? Yo creo que desde la soledad es imposible. Es necesaria una comunidad, integrarse con otros, entender cuál es el funcionamiento interno del aula y no juzgarlo. Cuando un alumno viene con faltas de ortografías para mi es una sanción moral. Porque el alumno está acostumbrado a resumir palabras, a mandar mensajes de texto, no está acostumbrado a leer, ninguno de los adultos lee. La presencia de la televisión en el hogar ha modificado esa práctica y mucho más la presencia del control remoto. Porque lo que hace el control remoto es que vos tengas la temporalidad del control remoto. ¿Cuánto te aguantas una ópera? ¿Cuatro horas? Ni en pedo. Si los adultos no pueden ni apagar el celular. Aquí hay una dinámica social que necesariamente tenemos que entender.
-¿Cuando se habla de incluir es que el chico permanezca en la escuela a cualquier costo o se habla de otra cosa?
-La pregunta es ¿dónde va el chico cuando no está en la escuela? Ese es el asunto. Yo entiendo que la escuela no tiene que ser un depósito de material sobrante. Pero la pregunta es por el afuera ¿dónde va? Creo que la normativa es la exclusión, porque además es una tradición histórica. Entre nosotros la exclusión ha sido parte de nuestra práctica política y social durante muchos años. Ahora el pibe está en la escuela, y lo que se trata es entender que esta inclusión es social y política y no solamente educativa. Es decir, que lo que está por fuera de eso es mucho más amplio que el hecho de que el pibe no se eduque. Y eso lo sabemos. Nos enfrentamos con ese problema y no tenemos alternativa. Tenemos alumnos que no leen, alumnos que permanecen en silencio, que son ruidosos, con celulares que suenan, desobedientes. Tenemos todo eso, pero tenemos que entender que nuestra escuela está cercada por todo eso. Que no hay más un ideal de una práctica diferente. Que no se resuelve poniendo normas estrictas en la escuela. Porque eso significa más marginación, significa volver a pensar en términos exclusivos. De exclusión, de sacar afuera lo que a nosotros no nos gusta. Lo que tenemos que entender es que el principio de la exclusión supone que aquel que excluye supone que su propio orden es el mejor. Lo que tenemos que entender es que eso no es así. Porque si no, no vamos a poder enseñar más. La escuela llega a un destino que es irremediablemente su fracaso.
-En ocasiones los padres se quejan de que en el aula de su hijo hay chicos “revoltosos”, que no dejan enseñar y que sin embargo la escuela no los sanciona.
-Ahí nos enfrentamos a un problema nuevo. Leía una experiencia que se hizo en Estados Unidos que era la de juntar a los chicos con dificultades y darles educación desde otro lugar. Es decir, formar un aula sólo con esos chicos. Bueno, tiene serias dificultades porque la escuela le abrió sus puertas al mundo. No es que la escuela produce un mundo y después desde ese mundo construimos la escuela. Ahora la realidad entra todo el tiempo por la puerta.
Excluir significa que el destino de ese pibe va a ser problemático, pero además va a ser problemático para el pibe que está adentro. Eso es lo que hay que entender porque si pensamos que el que excluimos se va a arreglar solo no es así.
-Usted dice que el que alumno que se excluye le va a tratar problemas al que quedó adentro.
-No te quepa duda. Ninguna duda. Entonces qué va a pedir el que está adentro, el que se formó. Va a pedir mayor represión, más cárceles, más castigo. Y eso no resuelve el problema. Porque el capitalismo lo que requiere es de población sobrante. Por eso la actividad del docente es política, porque se enfrenta a un discurso que los medios están bombardeando continuamente, en las prácticas cotidianas, donde es necesario excluir.
-¿Cómo se produce esa inclusión con alumnos revoltosos?
-No es fácil. ¿Retarda la educación de los otros? Sí, la va retardar. Lo que no retarda es la temporalidad social. Creo que es necesario dar contenidos, y educar y construir un mundo común en el aula, pero es muy complejo y por eso hay que construirlo con la sociedad.
-¿Escuelas públicas versus escuelas privadas?
-No sé si hay un versus. Me parece que hubo un deterioro muy grande de la escuela pública en los 90, creo que a partir de la dictadura, que hizo que la escuela pública perdiera el prestigio que tenía. Creo que ahora, por necesidades económicas, hay un retorno a la escuela pública. No hay que establecer un foso entre ambas.
-¿Es una diferencia sólo económica, de clases?
-Me parece que muchos padres creen que en la escuela privada hay algún dispositivo de contención que la escuela pública no lo tiene justamente por su carácter público. Cuando a mí me mandaron a la escuela pública fue para que tuviese contacto con el hijo del portero, del médico, que tuviera la experiencia de la diversidad. Hoy parece que la diversidad es problemática. Y yo creo que no, al contrario, la diversidad genera un mayor espíritu de apertura, mayor libertad, la posibilidad de pensar como el otro.
-Pero antes en la escuela pública éramos más iguales.
-Es cierto. Pero además nos igualaba el hecho de tener un proyecto compartido. Hoy el proyecto de un pibe de clase baja no es el mismo proyecto de un pibe de clase burgués. En los sectores más bajos las expectativas de vida llegan a los 16 años. Tienen la experiencia del paco que es muy fuerte. Y esto no es que pasa sólo en las grandes ciudades. Eso se extiende. Yo voy por el país y tienen el mismo tema. El tipo de anhelo que tiene un sector bajo no es el mismo que el de un sector medio. Era la escuela la que igualaba. E igualaba bajo un proyecto en común. A vos te mandaron a la escuela por la misma razón por la que me mandaron a mí, para poder integrarte socialmente a un espectro donde el título secundario tenía un valor de peso muy grande. Hoy ya no lo tiene. Y no es que no lo tenga porque los docentes no son buenos. No lo tiene porque esta flexibilización laboral, esta modificación en el campo de trabajo ha hecho que los ingresos al capital sean mucho más complejos.
La docencia es una actividad política
Para el profesor Gustavo Varela los institutos de formación docente deben enseñarle al docente, que la docencia no es un trabajo sino un modo de vivir.
La realidad hoy es que muchos eligen la docencia no por pasión a enseñar sino porque es un trabajo asegurado, con estabilidad, el desafío es cómo incentivar ese docente a la práctica educativa.
-Al ser la carrera docente tan poco valorada y gratificada ¿el nivel de los docentes también ha decrecido? Aquí en Río Cuarto, muchos de los que eligen ser docente vienen de condiciones muy humildes.
-Sí, es así porque la carrera docente te da seguridad. ¿Qué hacer con ese docente? ¿Cómo se lo incentiva para la práctica educativa? Porque un docente que llega porque la docencia le da seguridad, porque por fin va a tener un sueldo, estabilidad, una forma de trabajo que ya no se mantiene porque hoy existen contratos basura, flexibilidad laboral, la necesidad de ser monotributistas. ¿Cómo se hace para que este docente adquiera una pasión que probablemente no tiene y sólo este motivado por la seguridad? Creo que esta es una tarea muy importante de los institutos de formación. El docente que va estudiar debe tener plena conciencia de que su actividad es una actividad política. Pero política no quiere decir hacer una revolución, sino que es una tarea de inclusión hacia aquellos que tienen destinos de ser sobrante. Y eso es muy importante.
A la vez, desde la experiencia de la docente, los docentes somos una comunidad, nos apoyamos unos a otros. Hay una toma de conciencia y un instituto de formación tiene que enseñar que la docencia no es un trabajo, sino un modo de vivir, un modo de habitar el mundo. El docente debe ser un desesperado por pensar un mundo mejor, a pesar de que el mundo mejor no sea posible. Eso no tiene nada que ver. En general los ideales no se realizan, claro, eso nos pasa en la vida cotidiana. Vos te enfrentas con una práctica donde están tus ideales, pero no por eso dejas de empujar. Uno ve a su hija con el celular, la computadora, los auriculares, pero por eso no le dejas de decir “lee esto que está bueno”. O tratar de incluirla. Por más que el mundo social donde ella viva sea diferente.
-¿Estamos mejor o peor en educación?
-Creo que hay un cambio entre la década del 70 y el 80 que fue muy pronunciado, donde la sociedad disciplinaria de la escuela, el hospital, la prisión se convirtió en una sociedad de control, una sociedad de la empresa, de los institutos educativos, de la privatización. Es como el cambio de la edad media a la modernidad, no se puede medir en términos de mejor o peor, lo importante es que seguimos pensando en la idea del progreso. Es otra escuela y tenemos que tomar conciencia de eso como docentes, como padres, como directivos, y tratar de pensar recursos para esta otra escuela. Porque sino nos vamos a quedar atrasados, exigiendo a la escuela un tipo de experiencia que la sociedad no les brinda.
-¿En los países más desarrollados es distinto?
-No, tienen el mismo problema. En Baltimore la puerta de la escuela se cierra cuando empiezan las clases con rejas y policías adentro. Esto para nosotros sería impensable. En la película Entre Muros que es una experiencia concreta filmada en una escuela marginal de París, ves eso. Como hay procesos de exclusión. Los alumnos ya no se callan como nosotros que hacíamos silencio mientras el docente podía decir cualquier barbaridad. Cualquiera puede contar anécdotas de docentes que han sido bochornosas. Hoy un alumno no se aguanta eso. Y no está mal, pero eso significa que el docente sea interpelado en su propio oficio y le obligue a ser lo que es, un educador. Ahora la pregunta es cómo sostiene esa tarea en un mundo que es complejo. Creo que la pasión personal del docente es importante para prestigiarse en su lugar. Entender que eso es lo que quiere, que ese destino que él piensa para sus alumnos lo tiene que llevar adelante y que va a tener que encontrar los recursos para que eso sea posible. Estamos a contra corriente del modelo social, y como los salmones tenemos que encontrar la forma de crecer en esa contra corriente y poder edificar esto que yo creo que es lo más complejo, que es la comunidad. Cómo generamos lo común en una sociedad tan diversa, con experiencias de sentidos tan distintas a aquella que la escuela propone. Es una paradoja y yo creo que de la paradoja se sale con una acción más fuerte del docente, acompañada por los otros actores sociales, el ministerio, el sindicato, la comunidad. Con la formación de un tipo de pensamiento que no es “llego al aula y empiezo mi tarea docente”. No, la tarea docente empieza bastante antes.
-La escuela sigue siendo verticalista, los docentes tienen miedo a los directivos, a los padres.
-Sí, pero paradójicamente muchas de las acciones más abiertas en muchos casos vienen de los directivos y no de los docentes. Creo que es una cuestión de acuerdo, pero esta experiencia de acuerdo sólo se arma con la conciencia de que el problema es compartido. Si el profesor de biología tiene problemas con los alumnos, el problema no es del profesor de biología sino de todos. Nos atañe a todos. No nos salvamos más individualmente, y mucho menos en los países del tercer mundo. No te salvas teniendo un auto más grande y chocando a los más chicos. Porque como el auto más chico es población sobrante en algún momento te va a venir a pedir a vos el auto más grande.
Fuente: http://www.otropunto.net/index.php?option=com_content&view=article&id=80:la-tarea-del-docente-empieza-antes-de-llegar-al-aulaq&catid=4
¿Quién es Gustavo Varela? Gustavo Varela es licenciado en Filosofía, docente de FLACSO. Es profesor del Seminario de Informática y Sociedad y el Seminario de Diseño Gráfico la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y titular de la cátedra de Pensamiento Contemporáneo en la Universidad del Cine. También es presidente de la Comisión Directiva de la Facultad Libre de Rosario, donde dicta Introducción a la filosofía.
Ha desarrollado estudios sobre los orígenes del tango, desde una perspectiva filosófica, fundamentalmente centrada en el pensamiento de Michel Foucault y Friedrich Nietzsche. Dictó el seminario El tango, la genealogía, la historia en la UBA y en FLACSO.
Es miembro del Consejo Editorial de la revista Lote, del grupo editor de la revista Artefacto y colaborador habitual de la revista Ñ.
Entre sus obras figuran Mal de tango: Historia y genealogía moral de la música ciudadana. Buenos Aires: Paidós, 2005; La filosofía y su doble: Nietzsche y la música. Buenos Aires: Libros del Zorzal, 2008; Nietzsche. Una introducción. Buenos Aires: Quadrata/Biblioteca Nacional, 2010.
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